Comprender la rumia y cómo afecta a nuestra vida diaria
¿Alguna vez te has pillado pensando una y otra vez sobre la misma situación? Sin poder dormir, repasando lo que podías haber dicho, o anticipando lo peor de algo que todavía no ha ocurrido. ¿Sientes especial rabia por la frase “tranquilo, tú no te rayes, seguro que todo sale bien”?
Es frecuente que, ante situaciones que consideramos desagradables, aparezcan pensamientos repetitivos automáticos. Esto es lo que en psicología llamamos rumiar, lo que significa engancharse a una cadena de pensamientos que en sí misma nunca termina. Esto activa la necesidad de pensar más para aliviar el malestar, pero el efecto es el opuesto: cuanto más piensas, más atrapada te sientes.
La rumia, nos aleja de lo que nos gusta, de las personas que nos hacen bien y de nuestra productividad diaria. Además, nos priva de la capacidad de estar plenamente presentes en nuestras vidas. Nos roba momentos importantes, ya que nuestra mente está ocupada en lo que podría haber sido.
¿Por qué ocurre?
Esto se explica a través de las emociones. Las emociones agradables suelen fluir sin necesidad de analizarlas. Sin embargo, con otras emociones difíciles como la ira o la tristeza nos despierta la necesidad de buscar una explicación. Nos quedamos enganchados, tratando de resolver la situación que nos genera esta emoción. Y aquí es donde aparece la rumia: le damos vueltas a las cosas intentando repasar lo ocurrido, lo cual nos desconecta de la experiencia dolorosa momentáneamente y nos hace sentir que nos estamos ocupando para resolverlo o darle sentido. Es decir, nos aporta una sensación momentánea de control.
Un ejemplo para comprenderlo mejor
Mireya acaba de finalizar una relación de pareja. La ruptura le genera dolor, confusión e incertidumbre. Ante esta situación, pueden darse dos caminos:
Esta situación, inevitablemente dolorosa, puede llevar a Mireya a dos opciones:
- Engancharse a la rumia: Puede empezar a darle vueltas a lo ocurrido, preguntándose una y otra vez: «¿Qué podría haber hecho para que no me dejase?» «¿Qué hice mal?» Aunque estas preguntas parecen lógicas, no aportan información nueva. Solo la mantienen en un ciclo de autocrítica y sufrimiento alejándola de la posibilidad de rehacer su vida.
- Aceptar la realidad emocional: La otra opción sería enfrentarse a la realidad de la ruptura, aceptar el dolor y comenzar a trabajar en su recuperación emocional. Esto no significa que sea fácil; al principio, seguramente sentirá una gran tristeza, inseguridad y miedo al futuro. Pero, con el tiempo, Mireya podrá empezar a reconstruir su vida, enfocándose en su bienestar, en sus amigos y en nuevos proyectos. Esto le permitirá avanzar, aunque el proceso sea difícil.
Ambas alternativas son dolorosas, pero solo una permite moverse hacia delante.
¿Qué hacemos entonces?
El primer paso es identificar el patrón. Asumir que sentir dolor y quedarse atrapado en pensamientos es normal. Sin embargo, la clave está en reconocer cuándo esos pensamientos dejan de ser útiles y empiezan a consumirnos. Ya que, como ya se ha comentado en este artículo, la rumia nos engaña y nos da la ilusión de que estamos resolviendo algo, cuando en realidad solo nos mantiene en el mismo punto.
Por lo que, para tratar de detener este bucle, una vez que ya has identificado esta problemática, concédete un tiempo límite para pensar en ello, lo podemos llamar el “tiempo de preocupación”. Dedica 10-15 minutos al día para pensar en eso que te preocupa y, cuando el tiempo acabe, cambia de actividad. Así evitas que la rumia ocupe todo tu día. Cuando vuelvan los pensamientos fuera de ese tiempo, recuerda: «Esto puede esperar a mi tiempo de preocupación». No se trata de luchar contra los pensamientos, sino de decidir cuándo darles espacio sin que controlen tu vida.
Por último, recuerda que aceptar el dolor no significa rendirse, sino dejar espacio para que podamos seguir adelante.
IGUALDAD DE GÉNERO
En coherencia con el valor asumido de la igualdad de género, todas las denominaciones que en este documento hacen referencia a personas y se efectúan en género masculino, cuando no hayan sido sustituido por términos genéricos, se entenderán hechas indistintamente, según el género de la persona que los desempeñe.
En Ohana Psicología contamos con una gran variedad de libros que podemos recomendar para complementar o para abordar ciertas áreas en los procesos terapéuticos de cada uno.


