Autocompasión: El arte de tratarte como tratarías a quien más quieres

En una sociedad cada vez más exigente e individualista, en la que se nos pide eficacia constante y éxito en todas las áreas de nuestra vida, podemos caer fácilmente en el machaque constante y no permitirnos fallar.

Los seres humanos tenemos muchas formas de aprender. Entre ellas está el ensayo-error. Desde el minuto uno que venimos a este mundo, nuestro cerebro está alerta de las señales externas e internas para interpretar e integrar las respuestas que recibe. Probamos una cosa esperando obtener una respuesta determinada.

A veces, el aprendizaje es rápido – acercas la mano a la plancha, te quemas, y no vuelves a poner la mano en la plancha-. Pero otros aprendizajes son más lentos, sobre todo aquellos que implican comportamientos complejos o asociados a emociones. Nuestro cerebro no los procesa igual, y esto es importante entenderlo, porque es la base para poder ser compasivos con nosotros mismos.

¿Qué es la autocompasión?

Al hablar de autocompasión, a menudo surge cierta resistencia,. Tal vez porque la palabra compasión ha estado más asociada a los demás: cuidar, acompañar, entender a otros; y no tanto a uno mismo.  Sin embargo, cuando intentamos dirigir esa misma actitud hacia dentro, aparecen juicios o incluso cierta incomodidad y con frecuencia se confunde con debilidad o conformismo. ¿Por qué nos resulta, entonces, tan difícil ser compasivos con uno mismo?

La autocompasión se trata de reconocer el propio sufrimiento sin exagerarlo ni minimizarlo, y responder ante él con la misma calidez que ofreceríamos a un amigo cercano. Esto lo podemos observar en nuestro diálogo interno, la diferencia entre como le diríamos las cosas a alguien cercano cuando falla como “es normal que te sientas así. Todos nos equivocamos, no pasa nada”. Sin embargo, cuando es un error nuestro el tono puede volverse más crítico, más duro, más exigente: “deberías haberlo hecho mejor”, “otra vez igual”. La autocompasión consiste en equilibrar esa balanza interna.

En la práctica, implica tres elementos clave. El primero es la conciencia: darnos cuenta de que estamos pasando por un momento difícil sin negarlo, ni ignorando ni amplificar los pensamientos o emociones desagradables. El segundo es la humanidad compartida: entender que equivocarse, sentirse insuficiente o atravesar dificultades no es algo exclusivo, sino parte de la experiencia humana. Y el tercero es la amabilidad hacia uno mismo: hablarnos con respeto en lugar de atacarnos, validando nuestras emociones ante el dolor, los fallos personales o sentimientos de inadecuación.

Por qué nos cuesta tratarnos bien y caemos en el machaque

Existen varios factores que entran en juego para que nos cueste tanto poner en práctica la autocompasión.

Uno de ellos es el cultural. En sociedades donde hay mucha competitividad, la hiperexigencia se ve como la única manera de lograr tus objetivos y avanzar. Se recompensa la productividad, la superación constante y el alto rendimiento sin tener en cuenta el coste emocional que puede suponer mantener un ritmo de ese calibre, sin permitirnos fallar o descansar, viendo estas conductas como una debilidad.

Por otro lado, la educación que recibimos también influye. Crecer en contextos donde el error era castigado en vez de comprenderlo, aprendiendo de esta forma, que equivocarse tiene solo consecuencias negativas como la crítica y el rechazo. Y con el tiempo, esto puede dar lugar a una voz interna muy exigente que, en el fondo, intenta protegernos de futuros fallos. Además, cuando no hemos sido tratados con compasión, resulta difícil ofrecerse a uno mismo algo que no ha experimentado.

Desarrollar autocompasión, también es, en sí mismo, un proceso de aprendizaje, al fin y al cabo.

Por otro lado, podemos sentir miedo de perder la motivación o de volvernos conformistas si no somos duros con nosotros mismos. Sin embargo, la evidencia nos dice que cuando una persona se siente segura emocionalmente, es más probable que asuma retos y aprenda de los errores.

La compasión no implica bajar el listón, sino dejar de castigarnos en el camino de conseguirlos.

Autocompasión como respuesta: seguir avanzando sin destruirte

Como hemos mencionado en los apartados anteriores, la autocompasión no es dejar de avanzar, sino hacerlo desde un lugar que nos cuide durante el camino a nuestras metas, actuando como un contrapeso necesario. Por ejemplo, en vez de poner el foco en “tengo que hacerlo perfecto”, ponerlo en “voy a hacerlo lo mejor que pueda con los recursos que tengo en este momento”.

Un primer paso es cuestionar esa voz hiperexigente, quitarle poder, poner distancia. Para ello podemos preguntarnos “¿le diría lo mismo a una persona que me importa?”.

Conocer nuestros límites es clave. En una sociedad que siempre nos pide más, poner límites puede hacernos sentir culpables o incómodos, llegando a ignorar nuestras necesidades. Sin embargo, a través de la autocompasión la idea es escucharnos y aceptar que la energía, la atención y el tiempo son finitos. Por ello, un “hasta aquí” es una manera de cuidarnos.

Validar nuestro esfuerzo, no solo el resultado. Reconocer el proceso- los pequeños logros, las dificultades atravesadas, el tiempo invertido- nos permite además construir y nutrir una autoestima sana.

Para finalizar, integrar el descanso o el parar, como parte del rendimiento. Es permitir recuperarnos para poder continuar.

Entonces, podríamos decir que cuando la exigencia no va acompañada de autocompasión, puede convertirse en hiperexigencia, en desgaste. Sin embargo, cuando aprendemos a incluirla, el camino cambia: sigues avanzando, pero relacionándote contigo y con tu proceso de una manera más amable y sostenible.

IGUALDAD DE GÉNERO

En coherencia con el valor asumido de la igualdad de género, todas las denominaciones que en este documento hacen referencia a personas y se efectúan en género masculino, cuando no hayan sido sustituido por términos genéricos, se entenderán hechas indistintamente, según el género de la persona que los desempeñe.

¿Te llamamos?
Déjanos tu teléfono y nos pondremos en contacto contigo en el menor tiempo posible
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.