El duelo es un proceso natural y adaptativo que atravesamos ante la pérdida de un ser querido. Las emociones que suelen caracterizarlo son numerosas y varían ampliamente de unas personas a otras. Sin embargo, la mayoría suelen experimentar reacciones como estupor e incredulidad, aislamiento o cierto distanciamiento hacia otros vínculos, frustración por la sensación de abandono, ira o enfado, sentimiento de injusticia, culpa por lo que se pudo hacer y no se hizo, desesperanza, o una profunda tristeza…
En la tercera edad, este proceso presenta ciertas características diferenciales debido a factores evolutivos, físicos y psicológicos propios de esta etapa vital, que es necesario tener en cuenta a la hora de acompañar a estas personas que transitan por un proceso de duelo.
Fases del duelo
Siguiendo el modelo propuesto por Kübler-Ross (1969), el proceso de duelo se compone de cinco fases en las que predominan diferentes emociones y estados cognitivos. Las etapas descritas en este modelo son las siguientes:
- Negación.
- Ira.
- Negociación.
- Depresión.
- Aceptación.
Estas fases no son necesariamente lineales y sus manifestaciones pueden variar ligeramente entre personas por diversas circunstancias como el contexto personal, variables psicológicas, personalidad, cultura, etc.
¿Cómo se diferencia el duelo normal del patológico?
Las respuestas descritas anteriormente se encuentran dentro de lo esperado en personas que pierden a un ser querido. Sin embargo, en ocasiones el proceso de duelo puede complicarse o cronificarse, y puede provocar una serie de reacciones disfuncionales que dificultan la adaptación a la pérdida. Entre ellas, se encuentran las siguientes:
- Ausencia o bloqueo prolongado de la respuesta emocional.
- Persistencia del dolor intenso.
- Culpa desproporcionada.
- Idealización extrema del fallecido.
- Aislamiento social y ausencia total de apoyo.
- Uso de sustancias adictivas como forma de afrontamiento.
- Manifestaciones psicofisiológicas.
Variables que influyen en el duelo en la tercera edad
El apoyo social es un factor protector esencial que en el contexto del duelo protege frente a la aparición de patologías asociadas. Actúa como soporte emocional, permitiendo a la persona sentirse cuidada y valorada, a la vez que facilita la participación en actividades de ocio.
Por el contrario, el aislamiento social y la falta de apoyo emocional son dos variables que impactan significativamente en el desarrollo del duelo en personas mayores y aumentan el riesgo de duelo complicado. Vivir solo incrementa el sentimiento de soledad e impotencia y constituye un factor de riesgo para el empeoramiento del estado anímico, la percepción de la propia salud y la capacidad de afrontamiento del duelo. Dado que, la soledad no deseada es un problema creciente entre las sociedades occidentales actuales, resulta esencial realizar y promover intervenciones que favorezcan la creación de vínculos entre las personas y refuercen el sentido de comunidad.
Por otro lado, la resiliencia en la tercera edad facilita el afrontamiento de los desafíos propios de esta etapa vital, como el deterioro físico y cognitivo, la pérdida de seres queridos, cambios de roles y jubilación o las posibles limitaciones en la autonomía personal.
La flexibilidad cognitiva, por su parte, se relaciona con la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias y reinterpretar las experiencias vitales, por lo que se encuentra muy relacionado con la resiliencia. Esta capacidad, permite a la persona en duelo construir su identidad tras la pérdida, acercándose a su futuro desde una perspectiva más adaptativa y esperanzadora.
El duelo en el contexto del Covid-19 y la importancia de los rituales de despedida.
Las circunstancias del Covid-19 dificultaron la elaboración adecuada del proceso de duelo en la población general y de manera especialmente significativa entre las personas mayores. En muchos casos, las pérdidas se produjeron en situaciones de aislamiento familiar, lo que impidió la participación en rituales funerarios y despedidas tradicionales. Así, muchos mayores no pudieron estar presente en el entierro de su ser querido ni tampoco despedirse físicamente de él. Estas circunstancias dificultaron la integración de lo ocurrido y la construcción de una narrativa adecuada para procesar la pérdida.
En este sentido, los ritos de despedida, presentes desde los comienzos de la humanidad, cumplen funciones como las siguientes:
- Certificar y confirmar la muerte, permitiendo el cierre o comienzo efectivo del duelo.
- Comunicar la muerte al entorno.
- Congregar a aquellos que comparten la pérdida. Éste es un elemento fundamental para reforzar el sentimiento de comunidad, ofrecer y recibir apoyo emocional, facilitar la adaptación a la nueva situación, prestar ayuda instrumental, etc.
- Tributar y agradecer al fallecido, poniendo en común el recuerdo de la persona y fomentando la resignificación a través de las historias personales.
En el contexto excepcional de la pandemia, la imposibilidad de implicarse en estos ritos puso de relieve la importancia de estas actividades comunes, ya que permiten encajar la pérdida, fomentan la unidad con la comunidad y protegen frente al desarrollo de un duelo complicado.
En esta línea, un estudio realizado en 2024 evidenció el impacto beneficioso de la comunidad y el apoyo social en personas mayores en duelo. En esta investigación se estudiaron los procesos emocionales que siguieron un grupo de religiosas de una congregación de México. Los resultados demostraron que, aunque las religiosas presentaron alteraciones físicas y emocionales como cefaleas, cambios en el peso, sentimientos de tristeza y apatía, la convivencia dentro de la comunidad actuó como un factor protector, facilitando la integración de la pérdida, así como la reducción de la intensidad del dolor. En este contexto, las prácticas religiosas ofrecieron consuelo, dando sentido a la pérdida a través de los rituales compartidos.
Más allá del contexto religioso, este estudio pone de manifiesto la importancia de los vínculos en la elaboración eficaz del duelo, además de la necesidad de crear espacios que permitan expresar emociones, construir una narrativa y conectar con la realidad de la pérdida.
En conclusión, el duelo es una respuesta natural que tiene lugar ante el fallecimiento de un ser querido. A lo largo de este artículo, se ha visibilizado la importancia del apoyo social y la participación en rituales de despedida como factores que protegen frente a la aparición de complicaciones en este proceso. En el caso de las personas mayores, es esencial prevenir el aislamiento social e intervenir en la soledad no deseada que frecuentemente padece esta población, proporcionando un contexto de cuidados que facilite el tránsito por este periodo tan sensible.
IGUALDAD DE GÉNERO
En coherencia con el valor asumido de la igualdad de género, todas las denominaciones que en este documento hacen referencia a personas y se efectúan en género masculino, cuando no hayan sido sustituido por términos genéricos, se entenderán hechas indistintamente, según el género de la persona que los desempeñe.



